El litoral catalán dispone de uno de los rincones más bonitos y agrestes de la Costa Brava: Calella de Palafrugell. Esta singular localidad bañada de aguas cristalinas y rocas que dividen sus ocho calas y playas, dispone de una gran variedad de experiencias tanto dentro de sus contradas como en sus alrededores.
Calella de Palafrugell
Calella de Palafrugell es una de las pedanías de su localidad madre: Palafrugell. Esta población a escasos tres kilómetros de Calella ofrece un repertorio cultural y comercial muy amplio por ser el centro neurálgico de la región. En este histórico pueblo corchero encontraréis el museo del corcho que recorre todo lo que ha significado y sigue aportando esta industria en la región siendo uno de los buques insignia del legado cultural de Palafrugell. Además, su mercado dominical que se concentra en el centro de la Plaza Nova y sus calles adyacentes destaca por su producto de proximidad y alta calidad. Además, en la Plaza Nova se encuentran gran variedad de bares y restaurantes donde poder comer o bien tomar un vermut al sol.
Llafranc
Pero si alguna actividad es obligatoria en vuestro paso por Calella, ésta es la de recorrer el camino de ronda que bordea toda la costa para llegar al pueblo contiguo de Llafranc. Es un recorrido de unos veinte minutos dónde disfrutar de las vistas al mar y casitas de piedra en un sendero de muy fácil acceso. A vuestra llegada a Llafranc podréis pasear a lo largo de la playa de arena blanca que se alarga hasta el puerto justo debajo de la montaña de San Sebastià que alberga uno de los faros más importantes de la zona. Este pueblo pesquero de casitas blancas conforma una postal marítima dónde disfrutar de los manjares típicos del mediterráneo: las tapas y platillos de Marmara situado justo delante de la playa o los arroces y paellas del Hotel Restaurant el Terramar. También, es muy recomendable subir hasta lo alto del faro para observar unas vistas de fantasía y comer en la terraza de uno de los japoneses de más renombre de la zona: el Nomo.
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Elige una opción:
Tamariu
Siguiendo el litoral encontramos el último pueblo de la demarcación municipal de Palafrugell: Tamariu. Este rincón supone un paraíso escondido dónde acceder, o bien a pie -cabe tener en cuenta que el camino es intrincado en función del nivel de cada uno- o bien desde Palafrugell en coche por una carretera provincial de curvas. Pero Tamariu no tiene desperdicio: se trata de una cala grande de aguas azul-verdosas rodeada de piedra rojiza y pinos verdes alrededor. Tamariu emana una autenticidad difícil de encontrar por ser un asentamiento antiguamente de pescadores y dónde no se empieza a edificar hasta principios del siglo XX. Ciertamente, un must para quien descubre uno de los sitios con más esencia de la Costa Brava.
Llofriu
Acercándonos más hacia l’empordanet, conocida como la región de interior de las comarcas de l’Empordà, visitamos Llofriu. Es la última de las pedanías que conforman Palafrugell y la única que se encuentra en el interior a medio camino hacia Torrent. Esta localidad que basó históricamente su industria en la agricultura y la ramaderia, es hoy un lugar de veraneo dónde sentir la tranquilidad y la calma de un pueblo rodeado de campos de trigo y un núcleo antiguo por dónde descubrir su arquitectura popular de casitas de piedra con viviendas tan antiguas que datan del 1764. También, se puede visitar su Iglesia románica de San Fructuoso que fue reconstruida en 1751 con un importante retablo barroco de Pau Costa que fue destruido durante la Guerra Civil española.
Begur, Pals y l’Estartit
Sin duda, un lugar bucólico que no te dejará indiferente. Y si de conocer lugares mágicos se trata, uno no puede irse de la Costa Brava sin pasar por Begur y sus calas. Esta población de orígenes ibéricos es uno de los lugares más atractivos para quienes buscan parajes idílicos: su centro ubicado en lo alto del monte dispone de cinco torres de defensa que se levantaron con la piratería mora en forma de castillo medieval que copa lo más alto del pueblo y desde dónde se puede avistar mucha parte del litoral, entre otros, las Islas Medas ubicadas entre Pals y el Estartit.
Begur destaca por su pasado indiano en el que muchos bagurenses viajaron a Cuba en busca de una nueva vida y a su regreso quedó impregnado en mucha de la arquitectura del centro del pueblo y sus costumbres. Motivo por el cual se celebra cada primer fin de semana de septiembre la fiesta dels indians que incluye cánticos, bailes y bebidas típicas de Cuba así como un dress code que apuesta todo al blanco.
Peratallada y Palau-Saltor
Pero lo que tiene esta comarca es variedad en todas sus formas: y es que cuando nos adentramos en la zona del empordanet, en la parte más interior del Baix Empordà, encontraréis pueblos asombrosos por recordar a una época pasada del medievo en dónde todos sus viviendas están construidas de piedra antigua y sus rincones con plazas, iglesias y callejuelas son verdaderos parajes para saborear y relajarse a tu antojo. Un ejemplo es Peratallada, que cómo su nombre indica, es un pueblo todo de piedra cortada que parece un paso por la máquina del tiempo con un paisaje pastoril que no deja indiferente a nadie que lo visita. Tampoco puedes perderte su vecino Palau-Sator que además de ser otra villa idílica para pasear y contemplar sus calles, destaca por su gran variedad de restauración enfocada en los platos de carne y guiso de la zona. Una escapada por estos lares siempre es una buena apuesta.
Dónde alojarse
La versatilidad de alquileres en la Costa Brava permite que quien nos visita encuentre muchas posibilidades de alojamiento a su gusto. En este sentido, en nuestra inmobiliaria de Calella de Palafrugell podrá escoger entre apartamentos a primera línea de mar para disfrutar de la brisa marina y las olas de buena mañana; casas en el centro de los pueblos costeros para quienes vienen con familia y requieren más espacio; pisos con piscina comunitaria para los más pequeños de la casa y multiplicidad de opciones para que la experiencia sea de lo más satisfactoria. Ciertamente, quienes nos visitan se llevan en su recuerdo unas vacaciones de ensueño aseguradas.
Calella de Palafrugell qué ver: los imprescindibles
Cuando hablamos de Calella de Palafrugell qué ver es la primera pregunta que surge, y la respuesta es generosa. El pueblo conserva intacta su esencia de aldea de pescadores: casas encaladas con flores en las ventanas, calles empedradas como les Voltes y la Gravina, y una sucesión de calas que no necesitan compararse con ninguna otra costa mediterránea.
El casco histórico es el punto de partida. La iglesia de Sant Pere (1884-1887) con su torre cuadrada domina el perfil del pueblo. Desde allí, basta caminar cinco minutos para llegar a la Playa de Port Bo, el corazón simbólico de Calella, donde cada primer sábado de julio se celebra la célebre Cantada de Habaneras.
Más allá de la playa, los Jardines de Cap Roig son parada obligatoria. Este jardín botánico de 17 hectáreas combina flora mediterránea, vistas espectaculares al mar y, cada verano, el escenario del Festival de Cap Roig, uno de los festivales musicales más importantes de España. La entrada al jardín permite pasear entre cipreses, buganvillas y miradores con horizonte abierto al Mediterráneo.
Para los amantes del senderismo, el Camí de Ronda que parte desde Calella hacia Llafranc o en dirección al Golfet es uno de los tramos más espectaculares de la Costa Brava. El camino pasa por acantilados, calas ocultas como d’En Calau o Port Pelegrí, y ofrece perspectivas del litoral que son difíciles de encontrar desde cualquier otro punto.
Las mejores playas de Calella de Palafrugell
La gran ventaja de Calella frente a otros destinos de la Costa Brava es la variedad de sus playas en un espacio reducido. Todas son accesibles a pie desde el centro, lo que permite cambiar de cala según el momento del día o el nivel de oleaje.
Port Bo es la más fotogénica: las barcas de colores varadas frente a las casas de pescadores crean la imagen que ha dado la vuelta al mundo. Tiene acceso cómodo y servicios básicos, aunque en verano se llena. Canadell, a pocos metros, es algo más amplia y tranquila.
La Platgeta y Sant Roc son calas más pequeñas y recogidas, perfectas para quienes buscan tranquilidad. El Golfet, al norte, requiere un pequeño descenso pero recompensa con aguas cristalinas y un entorno prácticamente salvaje. Port Pelegrí, al sur, es quizá la más desconocida del conjunto y la que ofrece mayor sensación de aislamiento incluso en julio.
Si llegas con niños, Els Canyers es la opción más segura: poco oleaje, acceso sencillo y fondos de arena. Para snorkel, cualquiera de las calas rocosas al norte del núcleo urbano ofrece buena visibilidad bajo el agua.
Preguntas frecuentes sobre qué ver en Calella de Palafrugell
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar Calella de Palafrugell?
Un fin de semana es suficiente para ver los puntos esenciales: casco histórico, playas y los Jardines de Cap Roig. Si quieres hacer el Camí de Ronda hasta Llafranc y Tamariu, añade un día más.
¿En qué época del año es mejor visitar Calella de Palafrugell?
Junio y septiembre son los meses ideales: el mar ya está en temperatura óptima, hay menos aglomeraciones que en agosto y los precios son más razonables. El primer sábado de julio coincide con la Cantada de Habaneras, un evento que merece planificar la visita en esas fechas.
¿Cómo llegar a Calella de Palafrugell desde Barcelona?
En coche son aproximadamente 1h 30 min por la AP-7. En transporte público, la opción más cómoda es el bus de Sarfa desde la estación de Nord de Barcelona, con servicio directo en temporada alta. No hay tren directo al pueblo.
¿Se puede aparcar fácilmente en Calella de Palafrugell?
En temporada alta el aparcamiento es complicado en el centro. Existen zonas de pago en los accesos al pueblo y aparcamientos gratuitos algo más alejados, accesibles a pie en 10-15 minutos. Llegar antes de las 10h o después de las 18h facilita encontrar plaza.



